03 / 05 / 2009

Para mí supuso la primera percepción de desconfianza de la dirección de los centros hacia la participación de los padres en la vida escolar. No obstante, nuestra relación personal con la directora fue siempre, mucho más a partir de entonces, y hasta nuestros días, de lo más cordial y cariñosa

Prácticamente era la primera vez que tenía que hablar en público, y nada más y nada menos que para hacer la presentación de la escuela de padres que, por primera vez, se iba organizar en el colegio. Yo me lo planteé como un ejercicio para motivar a los padres, intentando convencerles de lo importante que sería asistir a una actividad como era la escuela de padres. Para ello, me cuidé mucho de no emplear un tono de provocación.

Una presentación angustiosa

La directora del colegio estaba, si cabe, mucho más angustiada que yo, advirtiéndome antes de comenzar que mi intervención no debía durar más de cinco minutos. La razón era que después tenía que continuar la reunión con los tutores correspondientes a los hijos de quienes asistían a la reunión. Sorprendido, le contesté que lo que tenía pensado decir lo había escrito y que, aunque no tardaría mucho, tardara lo que tardara no podía hacer otra cosa más que leerlo.

Al parecer a los tutores les había parecido muy bien las palabras que yo leí en el salón de actos

Una vez en el escenario, con el salón de actos lleno de padres y madres, me dispuse a hacer mi presentación. Conforme iba leyendo aquel texto, preparado concienzudamente, me fijaba en la directora y cómo de manera intranquila miraba el reloj insistentemente. Al acabar me pidió que para las otras dos reuniones que aún quedaban en días sucesivos debía reducir mi intervención.

Al llegar a casa me dispuse a realizar en el texto el recorte solicitado. Sin embargo, no tardó en sonar el teléfono. Se trataba de la directora que, bastante más serena, me pedía que no modificara en nada mi intervención para el día siguiente. Al parecer a los tutores, que habían tenido la consiguiente reunión con los padres, les había parecido muy bien las palabras que yo leí en el salón de actos. Para mí, ante la inicial contrariedad, supuso un grato alivio ya que en mi primera intervención pública había cosechado un éxito. La inscripción en aquella primera escuela de padres superó el 50 % de las familias del colegio.

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