30 / 01 / 2009

Me interesa hacer notar el hecho de que mi actividad participativa no comenzara en la asociación de padres del colegio. Fue precisamente en la escuela de padres.

La escuela de padres

Jamás se nos hubiera ocurrido, ni a Mercedes ni a mi, pensar en la posibilidad de organizar una escuela de padres. La directora del colegio fue quien se fijó en nosotros para poner en marcha una actividad que no existía en el centro y el claustro de profesores echaba en falta. Aunque temerosos por la propuesta, nos comprometimos a ponerla en marcha pretendiendo dejarla luego en manos de la junta de la asociación, a la cual no pertenecíamos.

Pensamos que lo mejor sería encomendar la tarea a un profesional, el cual anunciaba dirigir un gabinete de orientación familiar que también se ofrecía para llevar escuelas de padres. Nada más lejos de la realidad. Pudimos salir del paso durante el primer año, pero debo decir que la experiencia no fue del todo positiva.

Tan sólo es necesario tener en cuenta algunas premisas para comenzar a rodar una escuela de padres. Después, lo más eficaz será siempre que los propios padres se organicen y participen de manera activa

Sin embargo, la respuesta de las familias del colegio fue extraordinaria. Con un breve discurso que redacté previamente y que tuve que repetir en las reuniones de cada ciclo, hice la presentación de la escuela de padres. Debo reconocer que fue una presentación angustiosa, pero caló hondo en quienes escuchaban porque la inscripción superó el 50 % de las familias del colegio. Realmente nos sentimos desbordados teniendo que organizar, por decirlo así, durante ese primer año, dos aulas en aquella escuela de padres. Superada la criba natural de los primeros días, todavía quedaba un número considerable de padres interesados. Digo padres y madres porque, por paradójico que parezca, aquella era una escuela mixta.

Logotipo de la escuela de padres
Logotipo que nos hizo una
de las madres que participó
en la actividad

Sin embargo, la improvisación era la nota dominante de aquel erudito personaje al que le habíamos confiado impartir las sesiones. Nos soltaba su discurso posmodernista durante una hora y nos dejaba hasta la siguiente sesión, quince días más tarde. Lamentablemente, los alumnos fueron desapareciendo. Pero aún quedó un número significativo como para mantener dos grupos distintos. Empecé a preparar yo los temas a tratar y a proponer la estructura de las sesiones, de manera que él actuaba como orientador. Hay que reconocer que se terminó cogiendo una dinámica bastante positiva, a pesar de la filosofía relativista que nos impartía aquel erudito.

Para el curso siguiente creímos que sería mucho más efectivo coger nosotros mimos el toro por los cuernos y hacer una programación que llevaríamos posteriormente a la práctica. Esto es lo que resultó ser más idóneo y por eso es lo que recomiendo. Tan sólo es necesario tener en cuenta algunas premisas para comenzar a rodar una escuela de padres. Después, lo más eficaz será siempre que los propios padres se organicen y participen de manera activa.

No era, sin embargo, ésta una actividad primordial para la asociación de padres. Las personas de la junta directiva no asistieron jamás a las sesiones de la escuela de padres. Además no tenían en cuenta las propuestas que les hacíamos. Finalmente tuve que desistir de estar al frente de la actividad porque llegó un momento en que todo se cuestionaba; aunque, tanto Mercedes como yo seguimos colaborando hasta que se cerró el colegio.

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