09 / 01 / 2010

Reflexiones sobre la situación provocada en el seno de la Junta Directiva de la Federación Católica de Padres de Alumnos y Padres de Familia, CONCAPA Navarra, y ante las acusaciones de tipo ético

En legítima defensa

ANTE LA SUBIDA DE SUELDO PLANTEADA POR LA SECRETARIA TÉCNICA

CUESTIONES

  1. La verdadera razón de peso respecto a la oposición liderada por el presidente para no cumplir la voluntad mayoritaria de la junta ¿responde a una objeción ética o a una negación persistente en cuanto a la subida salarial en sí misma?
  2. Si fuera una objeción ética ¿por qué no se manifestó desde un principio? ¿existe alguna diferencia ética entre el nivel votado por la junta directiva y el que el presidente hubiera estado dispuesto a conceder?
  3. Si fuera por una negación empecinada a subirle el sueldo a la secretaria técnica ¿por qué no fue abordado, desde una posición de liderazgo, intentando llegar al acuerdo, habida cuenta de la disposición positiva y conciliadora del vicepresidente y de la secretaria técnica?
  4. ¿Ha tenido algo que ver en esto el sutil instigamiento laboral y muestras de desconfianza reiteradas hacia la secretaria técnica con las que discurrió la primera parte del curso que está a punto de finalizar? ¿Por qué no se han manifestado a la junta directiva las consideraciones, que sí se han hecho en privado, sobre la cualificación que a juicio del presidente debería tener la secretaria técnica? ¿hasta qué punto estas consideraciones han podido influir en el presidente para liderar el enfrentamiento y la oposición a la subida salarial?

EL USO INAPROPIADO DE PALABRAS Y EXPRESIONES

En todo el proceso, y particularmente en los últimos documentos aportados, se utilizan expresiones o palabras cuyo significado no se aplica adecuadamente. Puede que no se haga con el ánimo de manipular las opiniones o las conciencias de los demás; sin embargo, el efecto real que se produce es el de sembrar la duda y el escepticismo hacia las personas con las que se enfrenta la controversia: la secretaria técnica y el vicepresidente.

Brevemente y a título de ejemplo, se ofrecen las siguientes consideraciones:

  • Una asociación sin ánimo de lucro. Esto no quiere decir otra cosa sino que se renuncia expresamente a que el objetivo de la entidad sea el de aumentar la cuenta de resultados, como cualquier sociedad mercantil. Es decir, el beneficio (la diferencia de ingresos y gastos) no puede ser el principal montante de ingresos que obtenga la asociación. Tampoco podrían terminar los ejercicios económicos con superávit como los que ha llegado a plantear el presidente hablando de 14.000 €. Para que no exista ánimo de lucro, la asociación debe tener perfectamente acotada la posibilidad de cobrar, casi a título excepcional, por los servicios que preste. Esto no quiere decir, naturalmente, que las personas o servicios que contrate la asociación no deban ser retribuidos convenientemente. Estas personas o las empresas contratadas se lucran con el cobro justo del trabajo que realizan, lo cual no desvirtúa la ausencia de ánimo de lucro de la asociación, al que está debida por imperativo estatutario.
  • Organización altruista y de trabajo desinteresado. El altruismo siempre es loable; sin embargo, cuanto mayor es la entidad de la asociación en cuestión, el altruismo tiene el límite de la cualificación y la dedicación necesarias. Esto lo saben muy bien en multitud de organizaciones de todo tipo, ya sean o no de carácter confesional. Por otra parte, la disposición altruista de las personas no está reñida con una actitud de justicia institucional retribuyendo la profesionalidad de quien se ofrece de manera altruista. Véase el caso de un conferenciante que se ofrece gratuitamente, porque su motivación es de carácter trascendente, sin embargo la asociación debe hacer todo lo posible por retribuirle convenientemente aunque sólo sea por una cuestión de justicia. Además, esto evitaría, por otra parte, situaciones injustas y desequilibradas entre los miembros de una misma junta directiva que se ofrecen para trabajar de manera altruista pero no pueden acometer su responsabilidad, bien por una falta de cualificación, bien por los compromisos laborales de su núcleo familiar; mientras que otros desempeñan una labor importante y eficaz que no siempre es valorada convenientemente.
  • Los beneficios obtenidos no se pueden repartir ni entre los asociados ni entre sus cónyuges. De nuevo se utilizan inadecuadamente las expresiones, quizá no por una actitud empecinada de hostigamiento para salirse con la razón a toda costa, reprobable desde el punto de vista ético, sino por un profundo desconocimiento del derecho comparado, de la legislación a aplicar y de la entidad en cuestión. Esta asociación no obtiene beneficios porque no cobra por los servicios que presta. El cobro de las cuotas no puede ser considerado como beneficios, sino como autenticación del derecho a afiliarse coparticipando del gasto necesario para la supervivencia de la asociación. En todo caso, los beneficios obtenidos serían los resultantes del saldo favorable entre lo que el servicio le cuesta realmente a la asociación y el importe que cobra por él. Naturalmente, debería estar gravado con el IVA correspondiente. Ese beneficio, que supondría un verdadero lucro para la asociación, sería el que según la ley 1/2002 no podría repartirse.
  • Si, como el propio Alfonso manifestaba, un juez no hubiera visto responsabilidades punitivas en la actuación de José Manuel Contreras, ¿por qué advertía a los miembros de la Junta Directiva, en tono amenazante, de las vulnerabilidades en las que ellos incurrían si no se ponían de su parte? José Manuel le rebatió siempre cada pobre argumento que planteaba, pero los miembros de la junta eran más vulnerables
  • Las leyes como arma arrojadiza. El presidente hace otras múltiples referencias a aspectos relacionados con la legalidad o ilegalidad de las actuaciones; aunque finalmente siempre se acaba concluyendo que, casi con toda seguridad, un juez no vería culpabilidad en ellas. El argumento de peso se apoya en la valoración ética y no jurídica de las acciones; pero, si es así ¿a qué viene el abundamiento en los preceptos jurídicos y en la responsabilidad, civil o penal, de los socios y miembros de la junta directiva? Es tan extemporánea la argumentación expuesta, que se omite, no se sabe si conscientemente, que la propia ley 1/2002, reguladora del Derecho de Asociación, contempla incluso la posibilidad de que los cargos directivos de las asociaciones puedan ser retribuidos precisamente por el desempeño del cargo. Si los cargos pueden ser retribuidos, porque la ley lo permite, ¿qué impedimento legal puede existir para que una persona, ajena a la junta directiva, aunque sea la esposa del vicepresidente, pueda cobrar en justicia por el trabajo que desempeña en la asociación? Si son las cuestiones éticas las verdaderamente importantes, vayamos a ellas.

EL CÓDIGO ÉTICO DE LOS CATÓLICOS: EL AMOR

La referencia ética de los católicos va mucho más allá de los códigos éticos de buena conducta que las empresas o entidades de toda índole implantan. Estos últimos son compromisos formales que se establecen como estrategia de marketing para promover la confianza entre los clientes o personas que puedan estar relacionadas con la entidad en cuestión. Sin poder entrar a considerar pormenorizadamente cada uno de los códigos éticos y de buena conducta que nos ofreció el presidente o que existen en el mercado, con atención expresa a su contexto, se abundará un poco más en el que nos rige a los católicos por considerarlo el mejor y más completo de todos. Además, dada la peculiaridad de la organización, es el que tiene una aplicación directa. Este código no puede ser otro que el del AMOR.

“No juzguéis y no seréis juzgados”

Aunque no se abundará en citas evangélicas por no mostrar una erudición pedante, hay frases como la citada que, aún fuera de contexto, marcan radicalmente el comportamiento ético de un cristiano. Quienes profesamos la fe católica sabemos que todos rendiremos cuentas algún día a Dios Nuestro Señor. A través de nuestros actos, nos someteremos ante su infinita justicia, pero también ante su infinita bondad y misericordia. Esta es nuestra esperanza: la de un Dios bondadoso y misericordioso que Jesucristo vino a anunciarnos. Muy lejos queda ya aquel Dios justiciero del Antiguo Testamento. En Jesucristo, Dios firmó el pacto definitivo con los hombres, un pacto de amor y misericordia.

El planteamiento ético que se nos presenta es el de valorar incorrectas algunas actuaciones de personas que nos antecedieron como miembros de la junta directiva. Como católicos, quizá no sería prudente juzgar estas actuaciones; mucho más sin conocer el contexto, ni las circunstancias atenuantes, ni la disposición de conciencia de aquellas personas. Además, se hacen aseveraciones que no son totalmente correctas y en las que se vislumbra una cierta tendenciosidad. Probablemente esto se deba, más que a una constatación de hechos, a una sospecha, fundamentada en el desconocimiento de la realidad.

La transparencia en la contratación de la actual secretaria técnica fue total. Quien la contrató, acertada o equivocadamente, fue la junta directiva como órgano de gobierno de la federación. No fue su esposo. Ciertamente, quien ejercía de presidente en el momento de formalizar el contrato era su cónyuge; pero esto, bien o mal hecho, no se valoró como una inmoralidad. Esta actuación, como todas las demás, fueron abordadas siempre desde la buena fe de las personas, apoyada en asesoramientos bien intencionados. Que ahora juzguemos aquellos actos, con nuestra perspectiva actual, no parece que esté muy en consonancia con el código ético de los católicos.

Ciertamente, la contratación se podía haber hecho de otra forma; como tantas otras tareas, en este tipo de organizaciones, se pueden hacer de otra forma. Precisamente la falta de profesionalidad, el altruismo y el voluntarismo nos condicionan pudiéndonos hacer errar a veces. En aquel momento, la Junta Directiva, convenientemente asesorada por personas ajenas a ella, eligió una opción que se valoró como la mejor para la asociación ¿Quiénes somos nosotros para valorar éticamente aquella decisión? ¿Qué razón de ser puede tener sentirse comprometido personalmente ahora con aquella decisión que tomaron personas en uso legítimo de sus atribuciones y actuando con rectitud y buena fe?

El código ético de los católicos

Por otra parte, la bondad o malicia de los actos son responsabilidad exclusiva de quien los ejecuta. Si las personas de aquella época actuaron éticamente mal, Dios Nuestro Señor las juzgará individualmente, esperemos que aplicando su infinita misericordia. Nuestras actuaciones presentes, desde un punto de vista ético, no nos hacen participar de una acción que, desde nuestra visión particular, ahora juzguemos incorrecta. Sería más prudente no traer a colación aquellos hechos para, juzgándolos, utilizarlos como argumento sustancial.

“Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra”

Jesucristo, con esta frase, quiso hacernos ver que el amor debe prevalecer ante el ajusticiamiento. Efectivamente, el exponente último del código ético cristiano es el AMOR: “estos diez mandamientos se resumen en dos, amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”. Esta será la asignatura de la que se nos examinará al final de nuestros días, el AMOR. A quienes lo sabemos, los católicos, quizá con mucho más rigor que a los demás.

A este respecto, no debemos confundir el amor al prójimo con la educación, la cortesía, el respeto, las buenas palabras, la mirada dulce, la corrección en el trato. El AMOR de nuestro código ético va mucho más allá. Este AMOR ha de surgir del núcleo más profundo de nuestra alma, haciendo que nos veamos a nosotros mismos en el rostro de los demás. Y a través de ese rostro, al rostro de Dios.

El desasosiego y dolor humano que se está provocando entre todos y cada uno de los miembros de la junta directiva, no parece que esté muy en consonancia con la doctrina de amor que predicó Jesucristo. No obstante, el empecinamiento mostrado por el presidente aún sería comprensible si el vicepresidente hubiera defendido con interés exacerbado y persistente que a su cónyuge se le adaptara la categoría profesional. Pero esto no ha sido así. El planteamiento se ha hecho siempre desde la humildad y desde la aceptación incondicional del resultado. La disconformidad no se produjo porque el presidente ofreciera un nivel determinado, sino por la treta empleada para no cumplir la voluntad mayoritaria de la junta directiva. Lamentablemente, el resultado ha sido la ofuscación, no para no regularizar la categoría laboral de la secretaria técnica, sino en la denuncia de una irregularidad ética que se juzga aún mayor que la de la propia votación.

Pero la regularización laboral de la secretaria técnica, desde la perspectiva del amor debido al prójimo, no debe ser vista como lo más significativo. El planteamiento de la reprobación ética al vicepresidente, a modo de un tribunal de honor, podría valorarse quizá como la actuación más alejada de la Caridad Cristiana. A este respecto, no podemos, ni debemos, abstraernos de la trayectoria seguida por el vicepresidente, sobre la que no se debe abundar ni comparar por no caer en un pecado de soberbia o de falta de humildad. Una trayectoria en la que todo su ser se ha intentado poner al servicio de los demás sin preocuparse por el desgaste personal, familiar, profesional o incluso económico; sólo mitigado en parte por la retribución que su cónyuge empezó a percibir, interpretada de manera idealista como una intervención divina.

Precisamente, este liderazgo del amor, y no el del enfrentamiento, es el que el vicepresidente fue predicando por todas las regiones de España y Sudamérica cuando ostentó el máximo cargo de representación en la organización. Convencido de que es uno de los males endémicos de las asociaciones, que hasta el momento no se había producido en nuestra asociación desde tiempos conocidos. Liderar enfrentamientos destructores es la actitud ética más reprobable, esté o no reflejada en los códigos éticos de buena conducta. El liderazgo del AMOR es el que debería prevalecer en nuestra sociedad, mucho más en las asociaciones de cariz católico. Los dirigentes que no sepamos ver en nuestra gestión el camino hacia el AMOR a los demás, deberíamos abandonar.

LA FAMILIA CONTRERAS – LÓPEZ. A TÍTULO DE CONFESIÓN.

Este matrimonio siempre intentó prestarse al servicio de los demás. Encontró una vía de servicio a través de la participación en el ámbito asociativo de los padres, intentando hacer todo lo posible, desde esa posición, por mejorar la calidad educativa desde el seno familiar. Esta implicación ha ido llevando a la familia por unos derroteros no previstos, ni buscados, y con una repercusión importante a todos los niveles. Se ha querido que los hijos perciban el valor de esta actividad, a veces desenfrenada, como un exponente más de la acción educadora en la familia. Siempre se ha pretendido que todo ello estuviera guiado por la doctrina de Jesucristo y presidido por la mirada consoladora de Dios Nuestro Padre.

El poder adquisitivo familiar ha sido siempre bastante normal. Los primeros dieciocho años de convivencia familiar estuvieron ubicados en una vivienda que no llegaba a los 60 metros cuadrados. Para seis personas, o incluso ocho cuando los tres abuelos estaban en casa por temporadas más o menos largas, resultaba un poco pequeño; pero nos arreglábamos y allí pasamos unos años preciosos de nuestra vida. Para nosotros la capacidad de ingresar dinero en la unidad familiar no ha sido lo más importante.

La contratación de Mercedes fue un hecho sobrevenido y circunstancial. Nosotros ni lo buscamos ni lo provocamos. Aún hoy, y a pesar de todo, seguimos estando convencidos que Dios puso la circunstancia en nuestro camino. Esta circunstancia y tantas otras que nos han permitido conocer a multitud de personas de las que hemos aprendido y con las que nos hemos enriquecido espiritualmente. Circunstancias que Dios ha venido poniendo en nuestro camino para hacer que cada día vivamos más unidos. Jamás pudimos sospechar que el darnos a los demás pudiera reportar tanto beneficio. Esta ha sido, precisamente, la mayor retribución que hemos percibido por nuestra actividad. Imposible de cuantificar. Con la perspectiva de que algún día Dios, con su infinita justicia y misericordia, nos juzgará oportunamente.

Al mismo tiempo, hemos tenido que ir superando distintas pruebas y obstáculos. No todo ha sido un camino de rosas. El diablo, valiéndose de distintos instrumentos, también ha estado presente en el devenir de estos años. En nuestro haber también contamos con algunos detractores y enemigos, en respuesta previsible a nuestra actividad pública y comprometida. Decidida en la consecución de principios que propicien la felicidad de nuestro prójimo.

Toda esta adversidad se ha manifestado con más fuerza al haber llegado a la cúspide representativa. Pero siempre hemos hecho lo posible por “volar alto”, restándole importancia a la presión de las bajezas humanas y conscientes de que las reacciones adversas forman parte de las pruebas que Dios mismo nos iba poniendo para perfeccionarnos día a día con su superación.

A título de confesión, no creemos haber actuado de manera inmoral sino muy al contrario. Nuestro compromiso ha estado fuera de lo corriente, nuestra actitud ha procurado ser coherente, y nuestra actividad a menudo ha sido desbordante. No nos subyuga el juicio de los hombres, ni tampoco el de los medios de comunicación. Es el juicio de Dios el que siempre tenemos presente.

CONCLUSIONES

  • Esta cuestión ha durado ya cinco largos meses a través de los cuales la organización se encuentra casi paralizada y los miembros de la junta directiva en tensión, más o menos atemorizados. Se debe concluir de una vez por todas y pasar página definitivamente.
  • La regularización de la categoría laboral de la secretaria técnica no parece ser el problema de fondo, puesto que entre el nivel ofrecido por el presidente y el votado por la mayoría de la junta directiva la secretaria no hace cuestión. Las objeciones éticas sobre la presencia del vicepresidente en la junta directiva parecen ser las determinantes del problema.
  • Si se trata de objeciones éticas las planteadas por el presidente, y basadas en principios morales, llama poderosamente la atención que el propio Alfonso no las haya mostrado ni en el año 2005, ni en el año 2006. Sólo en el 2007, y a partir de que la junta directiva mostrara el apoyo a la secretaria técnica y al informe que ésta presentó.
  • Desde esta perspectiva, la pretendida expulsión del vicepresidente puede que tenga unas intenciones mucho más recónditas que las mostradas de índole ético. Se podría abundar en ellas, pero escapan al objeto de este texto. No obstante, al no existir posibilidad legal de expulsarlo, resulta evidente que la solución no pasa por ahí.
  • Como los enjuiciamientos éticos y la valoración de las actitudes humanas, por ambas partes, “o se ven o no se ven” (según expresión de José Miguel Garbayo, miembro de la Junta Directiva); la postura más coherente de quien pone la objeción ética basada en sus principios morales sería la de abandonar la posición que le vincula con la responsabilidad de la decisión. Este hecho ensalzaría definitivamente la autoridad ética de quien fundamenta su comportamiento en códigos de buena conducta.
  • Por el contrario, no sería conveniente seguir engullendo reuniones de junta directiva con sorprendentes papeleos, sin posibilidad de tomar decisiones puesto que la única propuesta que se ofrece es la de que se vaya el vicepresidente, el cual no ve objeción ética en permanecer en la junta.
  • Conviene hacer notar que el presidente ha huido reiteradamente, sin haber manifestado razón alguna, de cualquier tipo de mediación ofrecida, que nos comprometiera a todos, ya sea ética o jurídica.
  • La responsabilidad última de toda esta situación, y dada la coyuntura en la que nos encontramos, es personal de todos y cada uno de los miembros de la junta directiva. Se han aportado ya suficientes argumentos y jurisprudencia como para que cada uno pueda tomar una decisión responsable desde el punto de vista ético y jurídico. No tiene objeto que el presidente siga paralizando la solución del problema con sorpresas imprevistas en cada reunión de la junta directiva.
  • Por último, es necesario hacer notar, al margen del hecho que nos ocupa, el cambio drástico y rupturista en la gestión llevada a cabo por el presidente, la cual debe ser valorada convenientemente por los miembros de la junta directiva. No se cuestiona desde el punto de vista ético por no entrar en la misma dinámica en la que nos encontramos, pero sí desde un punto de vista de operatividad y de respeto al órgano de gobierno. A modo de enunciado, y en la intención de no faltar a la caridad aunque desde la lógica preocupación por preservar el prestigio y el buen funcionamiento institucional; la junta directiva debería ser consciente de determinadas ausencias, negligencias, falta de información previa o posterior sobre lo que se trata en el Consejo Escolar con posibilidad de presentar enmiendas provenientes de la junta directiva, perspectiva sobre la Fiesta de la Familia, prestación de servicios a los asociados financiados por la federación a través de personas y/o entidades con las que tiene una especial afinidad, perspectiva ante el cumplimiento estricto de los estatutos en la letra y en el espíritu, etc.
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