01 / 03 / 2021

Recientemente fallecía un gran educador, un maestro de maestros, un padre de familia, una extraordinaria persona. Abilio de Gregorio dejaba huella en todo aquel que le conocía. Su conocimiento y experiencia llegó a todos los ámbitos de la educación, no sólo al más puramente académico.

Pasión educadora

No recuerdo con exactitud cuándo conocí a Abilio. Seguramente sería con ocasión de alguna charla que dio en Pamplona dirigida a padres. La verdad es que el trato con Abilio, al margen de ser entrañable, no dejaba indiferente. De alguna manera te inducía a examinar la propia conducta. Te impulsaba a replantear cuestiones relacionadas con la educación de los hijos, pero también con el modo de afrontar tu propia existencia. Te ayudaba a sustentar con argumentos sólidos y sencillos las verdades que impulsan tu vida, pero también a trasformar criterios u opiniones que no eran del todo coherentes o acertadas. Conocer a Abilio y profundizar en su forma de ver la educación, en sus reflexiones sobre lo divino y lo humano, en sus planteamientos sobre la convivencia familiar y conyugal; no sólo era una gozada, sino que podía transformarte la vida. Y de hecho lo hacía.

Si escucharle en una conferencia resultaba ameno, y hasta divertido en ocasiones, leer sus artículos o sus libros es paladear el proceso lógico de su argumentación. Las ideas que expresa te van empujando hacia la comprensión sin fisuras de lo que quiere transmitir. Y todo planteado con sencillez y una naturalidad que resulta difícil que alguien no se sienta impulsado a asumir sus postulados, sus propuestas.

Homenaje a Abilio de Gregorio

La relación de Abilio con el asociacionismo de padres, y en particular con la Confederación Católica de Padres (CONCAPA) venía de lejos. Al cabo del tiempo me enteré de que formó parte de la junta directiva de la federación de Salamanca. Y es que, como educador, maestro de educadores, Abilio era muy consciente de que el cimiento esencial de la educación, el soporte, el referente de todo proceso equilibrado hacia la madurez de un educando no se encuentra en el ámbito académico, sino en la familia. En la escuela, en función de diferentes factores que tienen que ver con las diversas legislaciones, idearios, proyectos educativos; pero también con las relaciones personales entre compañeros de clase, familias y hasta profesores, se puede entorpecer, distorsionar, complicar la acción educadora de los padres. Pero lo que resultará muy difícil, si no imposible, es que la escuela enderece una acción educadora inexistente en la familia o plagada de incoherencias de los padres hacia los hijos o de los padres entre ellos. Unos padres desnortados, indolentes, superficiales o autoritarios, sobreprotectores, absorbentes impedirán que los hijos adquieran unas referencias sólidas emanadas de aquellos que saben que les aman desinteresadamente. Sin referencias, ¿cómo sustentar algún principio desde el que partir hacia la madurez? Sin referencia y sin principios todo se relativiza, ya nada se puede trasmitir como verdadero.

Abilio era muy consciente de este anclaje fundamental que la educación debe tener en los padres. Y más que en los padres, en la familia. Porque para Abilio resultaba esencial que padre, madre e hijos formaran una comunidad instituida sobre el amor, el compromiso y la fidelidad entre sus miembros. Y esto no es otra cosa que la familia con mayúsculas. Luego están los otros modelos de familia.

Por eso, siendo yo presidente nacional de la CONCAPA quise contar con Abilio para ponerlo al frente de su fundación, PROFORPA, Fundación por la Formación de los Padres. Pero Abilio estaba ya muy limitado en sus capacidades físicas y juiciosamente declinó aceptar esa labor que le hubiera venido al pelo. Para mí supuso, en un primer momento, una desilusión; pero pronto entendí que también él se sintió mal por no haber podido aceptar una tarea en la que hubiera disfrutado, al tiempo que habría conseguido excelentes resultados. Sin embargo, sí pude contar con él para unas jornadas de formación de dirigentes de la Confederación, que se celebró en Valladolid. Los padres y madres que forman parte de las juntas directivas de las asociaciones y federaciones adolecen muchas veces de limitaciones o condicionantes que dificultan o distorsionan la actividad prioritaria a la que están llamados. En ocasiones, incluso, surgen conflictos, protagonismos, enfrentamientos, que no son propios de una organización familiar, con un ideario confesional e involucrada en un ámbito de vital trascendencia como es la educación. Me interesaba mucho que Abilio nos transmitiera su sapiencia, con esa humildad que le caracterizaba, sobre la mejor manera de ejercer la labor de dirigente, dirigente católico, de una organización de padres de familia. Quizá podríamos hacer que un nuevo estilo de liderazgo pudiera empapar a los miembros de las juntas directivas de las federaciones, y que éste pudiera discurrir en parte hasta las juntas de las asociaciones. Algo de esto llegamos a plantear a la propia Conferencia Episcopal abogando por una planificación estratégica que cuidara, en la medida de lo posible, la formación de las juntas directiva de los colegios católicos, que son, en definitiva, los dirigentes de los que se nutre la organización. En fin, se hizo todo lo que se pudo.

Termino recordando una de sus exposiciones a la que todos los años recurro para comenzar el curso de catequesis que imparto a chicos y chicas de primero de bachiller. Es aquello de que persona se escribe con H. Y luego iba explicando las dimensiones de la persona mientras dibujaba los tres palitos de la H. Magistral, elocuente y sublime; tal y como era Abilio.

Vídeo completo del homenaje a Abilio de Gregorio

Homenaje a Abilio de Gregorio

Recopilación de artículos de Abilio de Gregorio publicados en la Revista Estar

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